6 abril, 2010

El coste ético y económico del feminismo



La cartera ministerial de «Igual-da», que asumió Bibiana Aído el 12 de abril de 2008, llevaba consigo una serie de polémicas que se han desatado desde que iniciara su andadura como dirigente del recién estrenado ministerio (por cierto, prescindible por todos los grupos parlamentarios excepto el PSOE). Conocida por usar la palabra miembra en un discurso y de afirmar que un feto de 13 semanas «es un ser vivo, pero no podemos hablar de ser humano porque no tiene ninguna base científica», Aído ha vuelto a las andadas, reivindicado la inclusión de los estudios de género y la tradición feminista en la formación universitaria.
Según Aído, cuando la Universidad española está en pleno proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, «es el momento en que la igualdad, los estudios de género y la tradición intelectual e histórica del feminismo tienen que ocupar un lugar en la formación troncal de los estudiantes». No sabemos si, troncal o no, lo que sí es una evidencia es que Aído apuesta por un feminismo radical que se sustenta en la ideología de género, en una mal entendida «liberalización» de la mujer. Se trata de un feminismo que deja de lado a las mujeres que luchan por sacar adelante a sus familias, embarazos, hijos, proyectos personales y profesionales. En definitiva, mujeres fuertes, valiosas por sí mismas, y que no necesitan envidiar ni tampoco plagiar al varón. Las políticas feministas de este gobierno están apunto de traspasar una barrera -si no lo han hecho ya- que convertirá este movimiento en una doctrina social tan perjudicial como el machismo.

Estas «feministas», que reivindican un estatus que les permita ser iguales al hombre, ¿dónde están ante determinados programas de televisión que tratan a la mujer de forma vejatoria? o ¿por qué no protestan frente al machismo rancio de tantos anuncios y series que cosifican a las mujeres?, ¿por qué no protestan las feministas por la proliferación de burdeles y macroprostíbulos que estamos padeciendo?, ¿dónde están ante el comercio sexual, unido muchas veces a la trata y explotación de mujeres?
A día de hoy, el Ministerio de Igualdad, a través del Instituto de la Mujer, no deja de dilapidar cientos de miles de euros con investigaciones relacionadas con estudios feministas, de las mujeres y del género. Entre los afortunados, destacan proyectos para analizar la exclusión social y violencia de género en los centros penitenciarios de Andalucía. Otro estudio está dedicado a la elaboración de un «Mapa de inervación y excitación sexual en clítoris y labios menores». Y sigue el despilfarro: «Memoria de la esclavitud de africanas y españolas abolicionistas», y los trastornos de la conducta alimentaria son otros de los temas estrella que más dinero se llevan.
Este derroche se viene a sumar a otros trabajos ya subvencionados con anterioridad en favor del feminismo, entre ellos apoyar el fomento de la publicación de libros tan interesantes como «Las psicólogas hablan de psicología». Un auténtico dispendio que explica, mejor aún, lo absurdo e inservible que es este Ministerio.

Marisa Xandri

Diputada en el Parlament de Cataluña


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