16 agosto, 2011

Bienvenido, Benedicto!



“Hoy más que nunca necesitamos la presencia y la palabra de un líder moral como Benedicto XVI”. Me quedo con esta frase del portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor-Oreja, que pronunció hace escasos días con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Riadas de jóvenes llegados de todo el mundo se concentrarán en Madrid para escuchar a Benedicto XVI, cabeza visible de la Iglesia católica y referente para una gran parte de la Humanidad que, junto algunos devastadores vaivenes de la vida mantenemos la llama encendida de la fe.

Su antecesor Juan Pablo II instituyó la JMJ después de que la ONU proclamara 1985 como el Año Internacional de la Juventud para []incentivar la participación juvenil en la Iglesia y ha tenido gran éxito, llegando a convocar a más de cinco millones de personas durante la edición de 1995 que tuvo lugar en Manila (Filipinas).[] A partir de 1997, la Jornada Mundial dio un cambio transformándose en un festival para la juventud con una duración de tres días antes de la ceremonia final. De allí en adelante se ha organizado en París, Roma, Toronto, Colonia y Sídney.

Refiriéndose al Pontífice, el popular cocinero Sergi Arola decía “vivimos su llegada en estos momentos tan difíciles, como un acto de esperanza”. Al hilo de sus palabras, recordar el “No tengáis miedo” que Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de San Pedro, cuando inauguró su pontificado, el 22 de octubre de 1978. Esas palabras recorrieron, como una melodía, todo su trabajo como Vicario de Cristo, hasta su muerte en el 2005. ¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo! Esta expresión es, posiblemente, uno de los gritos más esperanzadores y revolucionarios del mundo contemporáneo, que se debate entre la angustia y los miedos hacia las quimeras que él mismo ha creado: la guerra, la cultura de la muerte, la pérdida de la dignidad humana…

Ni las asociaciones convocantes de la marcha laica del 17 de agosto –las más intolerantes que he visto jamás- ni el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, pueden coartar la opinión de un Jefe de Estado y cabeza visible de la religión mayoritaria en nuestro país. ¿Cómo no va a poder hablar de leyes tan sagradas que atentan contra la vida como son el aborto o la muerte digna? Es que si la Iglesia no se pronuncia sobre ello, seremos los católicos los que pondremos en duda los principios que la sostienen. El Papa viene a España a hablar claro, sin tapujos, independientemente de lo que el Gobierno legisle -¡allá su conciencia!- y por lo que estamos viendo y veremos, el contenido de sus discursos interesa a centenares de miles de españoles. Y sino que se lo pregunten a los 1.500 voluntarios dispuestos a dejarse la piel para que sean éstas unas jornadas festivas pero de gran calado espiritual; o a los propios peregrinos, muchos de ellos con las mochilas a sus espaldas desde hace días; o a los 60 cardenales, mil obispos y 13.000 sacerdotes, encargados de oficiar los actos litúrgicos y de administrar el sacramento del perdón.

Contrariamente a lo que proclama la izquierda más rancia y radical de este país que ya ha convocado su propia manifestación, la JMJ reportará a España unos benefecios de unos 100 millones de euros. La organización, como si de las cuentas de los presupuestos del Estado se tratara ha dejado bien claros los números: coste cero al erario público. El 70% de los gastos ha sido sufragado por los propios peregrinos y el 30% restante, por entidades privadas y la Iglesia española. De todas formas, aunque los beneficiós fueran la mitad o nada, estoy convencida de que el evento sería provechoso.

Pero como España is different, la imagen de nuestro país –ya bastante degradada por la política de ZP-  quedará rebajada aún más cuando los 4.700 periodistas acreditados de todo el mundo retransmitan las payasadas que algunos pretenden montar entorno al evento: la citada marcha del 17-A que encabezarán asociaciones laicistas y el movimiento 15-M; la huelga de metro que UGT ha convocado durante la tarde del 18, el 20 y 21; así como diversas acciones de los “indignados” simplemente para provocar y mostrarse en contra de no se sabe muy bien qué. Por mucho que se empeñen en ridiculizar la imagen de los españoles, la realidad es que, gracias a este gran acontecimiento, España volverá a formar parte del mapa espiritual cristiano; y que muchas personas y sobre todo, los jóvenes, van a sentirse arropados y alentados para poder seguir enfrentándose a una sociedad que vive una profunda crisis de valores.

Marisa Xandri Pujol – Diputada del PP en el Parlament de Catalunya


Compartir

Facebook Twitter MySpace Technorati
Menéame Delicious NetvibesYahoo!